Parecía que lo de Fito era un exabrupto….hasta que a un cómico se le ocurrió hacernos un chiste….y afloraron todos pequeños “fitopaez” que viven en nosotros.
O´Donell, hace muchos años, explicaba que el proceso militar duró tanto en Argentina por que contaba con una suerte de tácito soporte en ese “enano fascista” que el argentino promedio llevaba dentro. Hoy en democracia, todo es diferente, salvo que cuando pierden los “neo progres”…ahí surge ese “enano comunista” que muchos llevamos dentro y se pone a juzgar desde una intelectualidad superior el proceso, haciéndonos ejercitar otro deporte nacional (la culpa) y hacernos sentir a todos un poco como Homero.
Empiezo a dudar que realmente creamos en la lógica intrínseca del proceso democrático. Todo está ok cuando el resultado es el que “debe ser” y todo está mal cuando el resultado no es el que “quiero que sea”. ¿Con qué entidad alguien dice que quien hizo una buena elección que es la “no política”, cuando aquél lo hizo de manera transparente, sujeto a las reglas de juego vigente y sin fraudes? ¿Qué entidad superior me inviste para tildar a cualquier % de los votantes de “frívolos”, “estúpidos”, “ignorantes”?
Es cierto que el debate fortalece, pero no el que niega al otro y lo descalifica. Eso no es debate, es una postura algo inmadura para enfrentar la enorme alegría que supone que nos expresemos y decidamos.
Pero no debe asombrarnos. Es la misma lógica micro que a veces aparece entre nosotros al momento de juzgar el éxito o el fracaso personal o empresarial. Es difícil escucharnos legitimar el triunfo de un conocido o no masacrarlo por un fracaso.
Ser así nos libera del compromiso y el esfuerzo que reclama analizar las cosas en profundidad, de separar elementos, de procurar comprender el por qué de las cosas. Es la más cómoda de las posturas, la que menos involucramiento emocional y cognitivo nos genera.
Durante esta semana y las venideras, con motivo de la elección en Santa Fe y en Capital, escucharemos muchas veces “la no política”, “el regreso a los 90”, “la frivolidad al poder” como si existiera una sola acepción de “política” y fuera esa que periodistas, intelectuales, militantes y demás vagos tienen en la cabeza y que durante los últimos 70 años no ha hecho demasiado más que relegarnos en todos los planos (sociales, educativos, económicos, empresariales, etc.).
Puedo tener reservas con Del Sel o Macri, acerca de su preparación, su capacidad de soportar el stress, su capacidad decisoria, su entendimiento del funcionamiento de la cosa pública…pero no puedo juzgar a quien, ejerciendo su legítimo y costoso derecho a votar, lo elige. Todo comunica, y quien vota decidiendo eso, no es un ignorante, ni un frívolo, ni un estúpido, y si quiero progresar, debo entender ese mensaje.
Pero es más profundo que eso. ¿Cómo esperar que los mismos que no toleran la libre competencia de mercado (una de las creaciones más radicales, liberadoras y creativas de la humanidad) toleren la competencia democrática? Determinado “enano” que llevamos dentro no tolera la competencia, no puede vivir en esa exigencia permanente que supone el proceso aprendizaje – error de la “destrucción creativa” que implica competir. Se la intenta limitar por todos los medios, por todos los instrumentos disponibles, porque nos resulta inconcebible vivir en semejante estado de “precariedad”. Es mucha la autoexigencia a la que la competencia nos expone: capacitarse, trabajar, cumplir, decidir y volver a empezar, todos los días. Demasiado, quiero algo más “estable” y “cómodo”.
Entonces nos “atomizamos” y “cartelizamos” sólo a efectos de no perder la sensación de aparente “seguridad” que necesito: los empleados públicos por un lado (donde no existen “para” algo, sino “per se”), los excluidos por otro (donde la perpetuación de ese estado está fogoneada por sus líderes), los exitosos (donde no se concibe que el éxito como la coronación de esfuerzos sino como un status a defender por todos los medios), los barras bravas, los medios, etc. De determinados “roles” hacemos “profesiones” que construyen su lógica y vida propia. ¿Cómo alguien puede ser de profesión “famoso”, o “hincha” o “concejal” o “piquetero”?
En algún punto, somos una sociedad “cartelizada”, que no dialoga, que no construye, que no se nutre del intercambio y que, bajo una lógica “extractiva” procura asegurarse los recursos necesarios para sobrevivir y la defensa de los mismos consagra su energía.
Popper decía “No existe una historia de la humanidad, sino muchas historias de todos los aspectos de la vida humana”. Si puedo comprender que “mi” verdad no es “la” verdad, que es una “construcción” y que implica que debo esforzarme denodadamente a nivel intelectual y de gestión para que se entendida y corroborada, podremos educar a nuestro “enano” interno para que en vez de ser “fascista” o “comunista” pueda ser “maduro”, preocupado en entender cómo “deberían” ser las cosas en orden a una construcción colectiva y no cómo “me queda cómodo a mí que las cosas sean”. Popper también decía que “el aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo”, siempre que exista un marco de tolerancia y respeto.
Ojo con el que cree que puede juzgar tan violentamente las decisiones de otros desde la comodidad de su intelecto o cosmovisión. Me encantaría ver “enanos” felices porque podemos expresarnos, y no “enanos” crispados porque les “sacudieron el status quo" y, lejos de preocuparse en comprender qué pasó, se ponen a juzgar el proceso y a quienes participan del mismo.